La omisión del medio -artístico- laboral
La omisión del medio –artístico- laboral. “No es la conciencia de los hombre lo que delimita su existencia, sino su existencia material lo que delimita su conciencia”. Karl Marx I. Como ya hemos observado otras veces en lo que respecta al tipo de manifestaciones plásticas a las que esta publicación sirve de testimonio –y a su reformulación práctica dentro del sistema del arte contemporáneo-, podemos decir que los politizados años que preceden a la década de los noventa sirvieron para revitalizar unas formas de producción, gestión, difusión y consumo del arte que, necesitadas de legitimidad institucional y popular, reconocieron y celebraron la pertinencia de la acción simbólica como acción política: lo que venía a significar, no ya la reavivación del debate sobre la función del arte y de lo artístico, sino la sentencia de su funcionalidad política en todos los ámbitos de la vida práctica. En efecto, hoy, el mecanismo de organización de los sistemas que codifican el arte contemporáneo y patentan los decodificadores que permiten su entendimiento, construye, en nuestro mundo administrado simbólicamente, un mercado de expansión perfecto; tanto más cuanto más desinformadas están las generaciones a las que dirige la comercialización de sus aparatos para el uso de opiniones, jergas, y posturas artísticas. II. Es en esa coyuntura en donde, durante estas últimas tres década, la teoría académica que puso y ha estado poniendo palabras al guiño politizado – o socializante- del arte y los artistas (merchandising socialdemócrata que muchas veces habló de “conciencia política” cuando quería decir caridad cristiana), ha estigmatizado toda concepción artística de la práctica estética simbólica, que acaba por ser entendida como gesto cerrado en sí, en vez de cómo gesto en función y apoyo de un proyecto político más amplio que la inscriba. Así, en ese orden, nos es fácil señalar cuál es el rasgo principal de los discursos que acompañan –y codifican- la producción y difusión de ejercicios artísticos como los que aparecen en esta publicación. Los argumentos ontológicos y pseudométodos sociológicos en los que se fundamenta la legitimidad institucional artística de estas obras (o procesos), como bazas instrumentales para la producción y reproducción del estado sociopolítico actual, localizan la posible aparición de la acción política simbólica disidente sólo como manifestación retórica y estética –festejo del respeto a las costumbres y doctrinas populares (las modas)-; y desvían así la atención de lo que, a nivel político-estructural (podríamos decir ejecutivo-social) sigue siendo la única posibilidad efectiva de la réplica política que da sentido a la coalición activa de sujetos disidentes: la coalición de los trabajadores en el lugar y tiempo de trabajo (independientemente del sector de actividad o esfera de producción del que se hable). III. Efectivamente, pensemos en las tan formuladas comunidades del gusto, a cuya construcción lingüística – existencia en la palabra- sirven tan bien los gestos de trabajadores como los que nos interpelan con este catálogo. Un análisis de su razón de estar, sólo puede descubrirnos que su sentimiento y práctica actuales no responde a ninguna supuesta inercia histórica (dudoso historicismo) que conduzca ineludiblemente al destino de individuos o colectivos cualquiera, sino al mecanismo de instigación que pone en marcha el discurso analítico académico de la antropología cultural posmoderna; aparente disciplina que estudia a estas comunidades del gusto como microsistemas sociales constitutivos – esenciales- de la cultura contemporánea, y no como rasgos fenoménicos resultados de la acción estratégica de gestión (político-empresarial) para la difusión y la venta de productos culturales; desviando así el análisis estructural de los aparatos funcionales que operan esas gestiones hacia la caracterización estética de los productos que ofertan. IV. Así entendido, y si consideramos que quien dice gestión artística habla de administración eficiente de desusos productivos (por ejemplo, capital monetario, capital humano, trabajo, tecnología), ya comprendemos cuál es el correlato directo del proceso de legitimación institucional y popular que consagra la conveniencia de la producción de este tipo de obras, como única posibilidad práctica para la enunciación contemporánea del trabajo de los artistas: la teorización y el desarrollo de un modelo de organización del trabajo que sostiene la –ficticia- inexistencia de la alienación inherente a toda relación laboral; y que impone una ordenación de las relaciones laborales (destacamos, considerando la industria del arte contemporáneo, la concepción de las políticas de gestión artística –privada y pública-, de los modelos de organización del trabajo en el arte, y de las figuras del artista, curador, crítico, etc. Como trabajadores –asalariados o no asalariados-) cuyo centro es el sistema de clasificación profesional actual, que naturaliza la competencia funcional entre los trabajadores, convertidos en concursantes por méritos que supuestamente desempeñan el justo puesto que merecen en la escala social. Si de esta manera el trabajo –artístico- segrega ante todo intereses individuales, se anula la posibilidad de la coalición entre los trabajadores para contrarrestar colectivamente una situación social que les es desfavorable. Una coalición que de ninguna manera será efectiva si sus elementos potencialmente constitutivos (estos trabajadores) no reconocen las limitaciones prácticas que les son impuestas por sus propias condiciones materiales.
Etiquetas: David Bestué, el terrible burgués, fundació 30 km/s, Marc Vives, Mataró
Recuperamos el texto de El Terrible Burgués aparecido en 'Acciones en Mataró', de David Bestué y Marc Vives, editado por la Fundació 30 km/s de Barcelona en 2004.
“Micro intervenciones, objetos de camuflaje, terrorismo sugestivo”
By David Bestué & Marc Vives
Text by : “El Terrible Burgués”
ISBN : 84-609-0301-X
Edition : 800 ex.
Publisher : Fundació 30 km/s
In Spanish and English


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